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Entender cripto

La máquina que se apaga sola en el año 2140

Hay una regla escrita en 2008 que va a seguir ejecutándose dentro de 120 años, sin que nadie la administre. Esta es la historia de los 21 millones.

Diego Ibieta28 de octubre de 20264 min de lectura
Una fila de cubos blancos sobre fondo azul oscuro, cada uno la mitad del anterior, hasta perderse como puntos en la distancia.
Este artículo nació de este video.

Mientras lees esto hay una máquina funcionando.

No tiene oficina. No tiene gerente. Nadie la enciende en la mañana ni la apaga en la noche. Lleva más de quince años sin detenerse un solo minuto, y tiene programado el día exacto en que va a entregar su última moneda.

Año 2140.

Alguien escribió esa instrucción en 2008 y se fue. La instrucción sigue ahí, obedeciéndose sola, y va a seguir obedeciéndose cuando ni tú ni yo estemos.

Eso es lo que hay detrás del número 21 millones. Y la historia es bastante más entretenida que el número.

La mina que se agota sola

Cada diez minutos se cierra un bloque de transacciones. Quien lo cierra recibe monedas nuevas. Esa es la única puerta por la que entra bitcoin al mundo: no hay nadie imprimiendo en ningún sótano.

Lo raro es lo que pasa con esa puerta. Cada 210.000 bloques —unos cuatro años— se achica exactamente a la mitad.

Año Monedas por bloque
2009 50
2012 25
2016 12,5
2020 6,25
2024 3,125
2028 1,5625

Sigue bajando. Y bajando. Hasta que alrededor de 2140, en el bloque 6.930.000, la recompensa llega a cero y no entra ni una moneda más. Nunca.

Si quieres ver cuánto falta para el próximo corte, está pasando en vivo en mempool.space. Es raro mirarlo: un reloj que nadie echó a andar y que nadie puede parar.

El detalle que casi nadie sabe

Acá viene mi parte favorita.

Nunca van a existir exactamente 21 millones. Van a ser un poquito menos.

La razón es deliciosamente tonta: cada vez que la recompensa se parte a la mitad, el código redondea hacia abajo al satoshi entero más cercano. Esos redondeos, sumados a lo largo de 33 halvings, dejan el total un pelo por debajo de la cifra redonda.

O sea, el número más famoso de todo este mundo —21 millones— es, técnicamente, un número que nunca se va a alcanzar.

Y por si te lo preguntas: más del 95% ya está minado. Todo lo que falta por entregar de acá a 2140 es menos de lo que se entregó en los primeros cuatro años.

Por qué esto importa y no es solo un dato curioso

Toda moneda del mundo tiene a alguien que decide cuánta hay. Un banco central, un comité, un ministro. Esa persona puede tener muy buenas razones para emitir más: una crisis, una guerra, una pandemia. A veces las tiene.

Pero puede.

En bitcoin no hay nadie que pueda. No es que se hayan comprometido a portarse bien: es que la regla vive dentro del código que corren decenas de miles de computadores repartidos por el mundo, y cambiarla exigiría que casi todos se pusieran de acuerdo en perjudicarse a sí mismos.

La diferencia no es entre poca moneda y mucha moneda. Es entre una regla que nadie puede cambiar y una promesa que alguien podría romper.

Si quieres leer el documento donde todo esto quedó escrito, son nueve páginas y está en internet desde 2008: el whitepaper original. No hace falta ser programador para entender la idea.

Las dos pizzas más caras de la historia

El 22 de mayo de 2010, un programador llamado Laszlo Hanyecz pagó 10.000 bitcoin por dos pizzas.

En ese momento era un trato razonable. Nadie sabía bien para qué servía esto, y él acababa de demostrar que servía para algo: comprar comida.

Hoy esos 10.000 bitcoin valen una fortuna que no vale la pena calcular, porque el chiste fácil se cuenta solo. Lo que sí vale la pena es lo otro: esa transacción sigue ahí. Puedes ir a buscarla. Está anotada para siempre, junto a todas las demás, en un registro que nadie puede editar.

Cada 22 de mayo se celebra el Pizza Day. Es la única fiesta del mundo que conmemora una mala decisión financiera.

«Pero ya es tarde, está muy caro»

Esta la escucho todas las semanas, y nace de una confusión simple.

Un bitcoin se divide en cien millones de partes. La más chica se llama satoshi.

Nadie necesita comprar una moneda entera, igual que nadie compra un lingote completo cuando compra oro. Puedes comprar diez mil pesos y lo que recibes es una fracción perfectamente válida.

Confundir el precio de una unidad con el tamaño de la entrada es como creer que no puedes tomar agua del mar porque el mar es muy grande.

Antes de que te entusiasmes de más

Te voy a bajar un cambio a propósito, porque esta es la parte donde se vende humo.

Escaso no significa valioso. Yo puedo crear una moneda mañana y poner que existan solo cien. Sería cien mil veces más escasa que bitcoin y no valdría nada, porque escasez sin demanda es apenas un número chico.

La regla de los 21 millones no es la razón por la que bitcoin vale. Es la razón por la que lo que vale no se puede diluir. Son cosas distintas.

Y el halving tampoco garantiza que el precio suba. Garantiza la emisión, no el precio. De esa diferencia escribí aparte en valor y precio no son lo mismo.

Lo que hay que recordar

Una instrucción escrita por alguien que después desapareció lleva quince años cumpliéndose sola, y va a seguir cumpliéndose hasta 2140.

No hay forma de emitir una moneda de más. No por buena voluntad: por aritmética.

Hay muy pocas cosas en este mundo que funcionen así.

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Quién escribe esto

Soy Diego Ibieta. Entré a Bitcoin el 2016 y lo primero que aprendí fue a golpes: perdí 10 BTC en una estafa. De ese dolor nació Cryptea el 2017, y con ella casi diez años explicándole esto a la gente para que no le pase lo mismo.

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