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Primeros pasos

Once minutos y sin pedirle permiso a nadie

El Banco Mundial mide lo que cuesta mandar plata afuera: más del 6%. Hay otro camino, y la primera vez que lo ves funcionar cuesta creerlo.

Diego Ibieta28 de octubre de 20264 min de lectura
Vista desde arriba sobre fondo claro: dos discos azul marino unidos por un hilo verde recto, y un cordón gris que recorre el mismo trayecto dando vueltas y rodeando cuatro obstáculos.
Este artículo nació de este video.

Es domingo en la noche. Alguien en Santiago abre una aplicación, aprieta un botón, y once minutos después su mamá al otro lado del continente tiene la plata disponible.

Ningún banco estaba abierto. Nadie autorizó nada. No hubo formulario, ni fila, ni ejecutivo preguntando para qué era.

La primera vez que ves eso funcionar, cuesta creerlo. Y lo que lo hace posible no es magia: es que se eliminó a toda la gente que estaba parada en el camino.

El número que casi nadie mira

El Banco Mundial lleva la cuenta de esto cada tres meses, y el dato es incómodo.

Mandar 200 dólares a otro país cuesta, en promedio, más de un 6%.

No es un número cualquiera. La ONU puso como meta para 2030 que ese costo baje al 3%, lo que admite algo de entrada: hoy se paga el doble de lo que se debería.

Y adentro de ese promedio hay diferencias enormes:

Canal Costo promedio
Digital cerca de 4,6%
No digital cerca de 7,3%
Bancos cerca de 15%

Esos números están abiertos y actualizados en Remittance Prices Worldwide del Banco Mundial. Vale la pena mirarlo una vez, aunque nunca hayas mandado plata afuera.

Un 15% quiere decir que de cada siete envíos, uno entero se lo queda el camino.

Por qué cuesta tanto

No es que alguien esté robando. Es que hay mucha gente parada en el medio.

Entregas pesos acá. Esa plata pasa por el que recibe, por un banco corresponsal, por el que paga allá. Cada uno cobra lo suyo. Y en algún punto del recorrido hay un tipo de cambio que no es el que sale cuando lo buscas en Google.

El que recibe espera dos o tres días. Y recibe menos de lo que esperaba.

Lo que cambia

El camino se acorta a uno.

El valor va de una billetera a otra, directo, sin que nadie en el medio tenga que autorizar nada. Llega en minutos.

Y acá está la parte que a mí todavía me parece notable: el costo de ese traslado no depende del monto. Mandar cien dólares cuesta prácticamente lo mismo que mandar cinco mil. El sistema no sabe —ni le importa— cuánta plata va adentro.

Bitcoin no. Stablecoin

Acá va el detalle que hace que esto funcione o se arruine, y conviene no saltárselo.

Si mandas bitcoin y el precio se mueve 6% mientras la otra persona lo recibe y lo cambia, le llegó 6% menos. Para una remesa eso es inaceptable: no estás invirtiendo, estás mandando el arriendo del mes.

Para esto se usa una stablecoin, que es una cripto diseñada para valer siempre lo mismo que un dólar. No sube ni baja.

Una stablecoin es un sobre, no una alcancía. Sirve para que el valor llegue intacto al otro lado, y nada más.

Los cuatro pasos

  1. Compras la stablecoin con pesos, en una plataforma inscrita en el registro de la CMF. Es el mismo procedimiento del primer bitcoin, solo que eliges otra moneda.
  2. Pides la dirección a quien va a recibir, y le preguntas en qué red la quiere. Esto no es un detalle: si mandas por una red distinta a la que espera, la plata se pierde.
  3. Mandas primero una prueba chica. Cinco dólares. Cuando confirmes que llegaron, mandas el resto. Siempre, aunque sea la décima vez.
  4. El que recibe la cambia a su moneda local, en una plataforma de su país.

La primera vez demora una tarde, porque hay que abrir cuentas en los dos extremos. De ahí en adelante son minutos.

Dónde se va la plata de verdad

Que el traslado sea barato no significa que todo lo sea. Los costos están en las puntas:

  • Comprar la stablecoin tiene comisión, más la diferencia entre el precio de compra y el de venta.
  • La red cobra por mover, y la diferencia entre una red y otra es grande.
  • Cambiarla allá tiene su propia comisión.

Súmalos antes de decidir. Para montos chicos a veces no da la diferencia; para montos medianos y grandes casi siempre sí. La ventaja de tiempo está siempre.

Los tres errores que cuestan caro

Equivocarse de red. Es el más común y el más caro. No hay soporte que lo devuelva. Confirma la red antes y manda la prueba chica.

Copiar mal la dirección. Cópiala y pégala, nunca la escribas a mano. Y revisa los últimos cuatro caracteres después de pegar: existe software diseñado para cambiar la dirección en el portapapeles justo en ese segundo. Si te interesa el tema, lo conté completo en las estafas más comunes.

Usar un P2P sin revisar. Mira la reputación y la cantidad de operaciones de la otra persona. Y nunca aceptes transferir ni recibir desde una cuenta a nombre de un tercero: ahí es donde la gente termina metida en un problema de lavado sin haberlo buscado.

Y lo legal

Esto es legal en Chile, y las reglas tributarias siguen corriendo igual: si compras una stablecoin y la vendes después a un precio distinto, hay una diferencia que declarar. Guarda el respaldo de cada envío.

Lo que hay que recordar

El Banco Mundial dice que mandar plata afuera cuesta más del 6%, y los bancos cerca del 15%. No porque alguien sea malo: porque hay mucha gente en el camino.

Stablecoin y no bitcoin. Confirma la red. Prueba chica primero.

El valor siempre supo viajar rápido. Lo caro eran los peajes.

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Quién escribe esto

Soy Diego Ibieta. Entré a Bitcoin el 2016 y lo primero que aprendí fue a golpes: perdí 10 BTC en una estafa. De ese dolor nació Cryptea el 2017, y con ella casi diez años explicándole esto a la gente para que no le pase lo mismo.

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