No voy a decirte quién es el culpable.
Sé que eso puede decepcionar a alguien. Cuando cae una plataforma y hay plata de por medio, lo primero que la gente quiere es un nombre. Alguien a quien apuntar. Se entiende: duele, y apuntar alivia.
Pero yo no lo voy a hacer. Y no es por diplomacia.
A mí me apuntaron
En enero de 2017 entré con un amigo a la ICO de un proyecto. En marzo ya sabíamos que era una estafa. Perdimos diez bitcoin.
El problema no fue solo la plata. Era plata de familiares y de amigos, gente que entró porque yo les dije que entraran.
Y entonces pasó lo que pasa siempre. Antes de que existiera una sola prueba, antes de que nadie revisara nada, ya había una versión. Perdí amigos ese año. Me señalaron con el dedo. Yo había perdido lo mismo que ellos, y aun así el dedo apuntaba para acá.
Te digo con honestidad que fue de las peores cosas que me han pasado.
Y no tengo ningún interés en ser el que sostiene el dedo la próxima vez.
Afuera de la sala, todo es murmullo
Una investigación toma tiempo. Toma meses, a veces años.
Mientras eso ocurre, afuera se habla. Se arma una versión en Twitter, otra en los grupos de WhatsApp, otra en los comentarios. Todas suenan convincentes. Ninguna tiene acceso al expediente.
Adentro de un juzgado las cosas funcionan distinto. Hay pruebas que se aprueban o se descartan. Hay una defensa. Hay un estándar. Y recién ahí algo pasa de ser sospecha a ser un hecho.
No se puede identificar a un sospechoso como culpable mientras la auditoría correspondiente no tenga involucrados ni pruebas aprobadas legalmente. Todo lo que pasa fuera de esa sala es teoría o murmullo.
Es lento. Es frustrante. Y es la única forma que conocemos de no arruinarle la vida a alguien por equivocación.
Lo que sí siento
Me abstengo de dictar culpables. Pero no soy neutral, y no quiero parecerlo.
Lamento profundamente lo que pasó. No por la plataforma: por la gente.
Y lamento algo más, que casi nadie menciona. Cada caso así deja una herida en la confianza del ecosistema completo. Deja a mil personas convencidas de que «todo esto es una estafa». Deja a la señora que iba a aprender decidiendo que mejor no.
Ese ecosistema es el que llevo diez años construyendo, ladrillo por ladrillo, explicándole a una persona a la vez. Duele verlo golpeado desde adentro.
En qué se traduce esto
En cómo escribo y en cómo enseño.
Cuando pasa algo así, yo no te voy a dar un culpable. Te voy a dar tres cosas distintas.
Los hechos públicos, con fecha y con fuente. Sin adjetivos.
Lo que te toca a ti hacer hoy, que es la única parte que está bajo tu control.
Y las señales para que la próxima vez lo veas venir.
Eso es lo que yo hubiera necesitado que alguien me diera en marzo de 2017. No tenía a nadie que me lo diera. Por eso terminé dedicándome a esto.
Lo que hay que recordar
Sospechar es gratis. Acusar es rápido.
Reconstruir la confianza toma años, y la paga gente que no tuvo nada que ver.
Yo llevo diez años en esa reconstrucción. No voy a gastar un solo día de eso repartiendo culpas que no me corresponden.
